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BURGOS

  24 de junio de 2009
 

Apuesta por un cierre de Garoña


De unos meses a esta parte se ha abierto el debate de la centrales nucleares en España, el tema es de transcendental importancia para nuestro futuro. Muchas de las posturas expuestas son irreconciliables por lo que el debate se trasforma en polémica, pues a nadie se le escapa que detrás de las propuestas se encuentran intereses económicos y políticos enfrentados, además de diferentes sensibilidades ecológicas. Los dos grandes partidos ya juegan sus bazas de oportunismo, así el PP, que en 2002 decidió el cierre de la central de José Cabrera, ahora busca argumentos para dificultar el cierre de Garoña. Por su parte, al PSOE en sus dubitaciones e inclinaciones todo se le vuelve en un cálculo de rentabilidad de votos. Para ellos, en esto se ha convertido la democracia y otros asuntos de interés general.


Izquierda Unida siempre se ha manifestado en contra de la utlización de la energía nuclear, no hemos cambiado y en este momento requerimos el cierre de la central de Garoña una vez que concluya el 5 de julio el actual permiso de funcionamiento. Nuestros argumentos pueden resumirser en los siguientes:

  • Primero, por seguridad de todo el entorno. La utilización de la fisión nuclear implica un peligro de riesgos imprevisibles tanto en el aspecto espacial como en el temporal, tanto a las personas como para el medio ambiente, no hace falta evocar Chernóbil. El informe emitido por el Consejo de Seguridad Nuclear no nos ofrece ninguna garantía, pues muchos de sus miembros lo emitieron antes de dedicarse a analizar la central. En términos jurídicos diríamos que esos miembros estaban contaminados para emitir sentencia y no es válida.
  • La segunda razón es la contaminación de los residuos, no vale el eufemismo de denominarlos combustible usado que señala Ana Palacios, vicepresidenta de Areva, pues en 50 año que se viene ensayando la técnica de reciclado de estos residuos se ha fracasado. España y los EEUU han optado por el sistema de almacenamiento apostando por encontrar nuevas técnicas en el futuro. Los reactores rápidos, que son los únicos capaces de reutilizar este material de desecho, son caros y escasos. En Francia se montó en Superfénix que actualmente se está mostrando como un fracaso por su poca rentabilidad y porque no alcanza reutilizar los niveles esperados. Es decir, siempre habrá residuos radioactivos que enterrar, una herencia que dejamos para miles de años.
  • En tercer lugar, por la dependencia oligopolista tanto técnica como económica que supone la energía nuclear con respecto a las otras fuentes de energía. En los años ochenta se paralizó en España el proceso de proseguir la construcción de centrales nucleares guiados por este criterio de sometimiento, se dependía exclusivamente de los EEUU o de Francia para el enriquecimiento de uranio o del reprocesado, en definitiva de proveernos de esta fuente de energía. Son criterios que todavía siguen válidos hoy en día. Sin embargo, el abastecimiento de otras fuentes de energía es mucho más disperso, mientras en la energía nuclear hay una dependencia de un oligopolio. Quien tiene este control disfruta también de controles políticos. Posiblemente no vayamos a ninguna parte políticamente; posiblemente queramos seguir caminando.
  • Por último, cuando España muestra esta dependencia aludida en este sector, está teniendo un gran prestigio en el campo de investigación y técnica de las energías renovables, más baratas y menos contaminantes. En cuanto a los puestos de trabajo y empuje económico de la zona afectada, lógicamente se precisa una reestructuración industrial que entre todos debemos de encontrar, pero no puede condicionar los otros aspectos, que consideramos también de interés.

Santos María Martínez
Responsable de Comunicación de IU.

   
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