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BURGOS |
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| 9 de julio 2008 | ||
Reconstruyendo Europa Hace pocos día Irlanda dijo no al Proyecto europeo aprobado a hurtadillas el pasado otoño por los gobernantes en Lisboa y destinado a sustituir la frustrada constitución. Con esta nueva negativa, el Proyecto inicia una andadura también turbulenta que pronostica otro camino fallido en la pretendida unión política, pero no ha sido el único país que lo haya rechazado hasta ahora. Previamente a su firma, el Reino Unido y Polonia hacían sus objeciones y quedaban exentas de adherirse a ciertos apartados. Además, en el debatido texto se mantiene la diversidad monetaria dentro de la Unión y otras peculiaridades territoriales que venían recogidas en la extinta Constitución. Es decir, varios países han hecho un tratado a la carta y se contemplan tantas excepciones que la norma es cosa extraordinaria. Hay un cúmulo de negativas de diversos países componentes, de forma que ahora Europa se muestra como una aspiración que de nuevo hay que construir. Desde este punto de partida, es interesante ir a las raíces y recordar la conocida frase de Jean Monnet, fundador y firmante del Mercado Común, que pretendía unir personas, no Estados. Sin ideas, sin ambiciones, los estadistas que firmaron ambos documentos estuvieron más pendientes de devolver el protagonismo a los inversores financieros que a los ciudadanos europeos. Los ciudadanos irlandeses han dicho no y como siempre se han emitido muchas interpretaciones de significado de ese rechazo, anteriormente, y en otro marco, fueron los holandeses y franceses los que se negaron, también hubo muchas opiniones. Puede ser que el sentido no sea coincidente, pero si son convergentes en cerrar puertas a un sistema de andadura. Por esta razón los estadistas europeos, nuestro Presidente de Gobierno incluido, se negaron a realizar referendos sobre el Tratado de Lisboa en sus respectivos países. Es decir, se firmó a hurtadillas y se usurpó un derecho al pueblo. En nuestro país, fue Izquierda Unida el único partido que hizo campaña activa por el no a la Constitución y con el mismo júbilo hemos recibido el no irlandés, porque en su contenido se daba prioridad a un capitalismo liberado mientras no se preocupaban en arreglar el déficit social, incluso se proyecta un retroceso en derechos adquiridos en varios de los países: el aumento de las horas de trabajo hasta las 65 horas semanales y más; posibilidad de acuerdos privados en las contrataciones laborales. Se pretende aplicar la propuesta del comisario Bolkestein por lo que se socava las leyes nacionales laborales por el denominado principio de “país de origen”. Se agreden los derechos de los “sin papeles” pudiendo ampliar a 18 meses el período de retención en prisiones. En definitiva, se ha cambiado la Europa de los pueblos y de los derechos del hombre por un plato de lentejas que favorece a mercaderes. En este proceso de retrogradación no han estado exentos de responsabilidad los partidos socialdemócratas y los denominados socialistas, más bien han sido los artífices sorprendentes de que se dieran estos pasos regresivos. Joschka Fischer, ex-ministro de Exteriores de Alemania, acusaba que con estos rechazos a las elaboradas cartas magnas se cerraba el paso a una política europea fuerte y a la democratización de zonas de Unión Europea. Hay que decirle que los derechos laborales no es una carta de cambio, es una democratización en sí misma, y conforme a Ulrich Beck los protagonistas de Europa deben ser los europeos, todos. Para los retos de futuro que propicia el encarecimiento de los crudos y el cambio climático nuestros gobernantes han de ir pensando en cambiar los ejes económicos. En cualquiera de los casos, los nuevos tratados de Europa deben ser sometidos al refrendo de los europeos. Santos María Martínez Responsable de Comunicación de IU |
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